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“La Salsa es mi vida”

Por Eliana Osorio Angarita.

28 años trabajando para la salsa  como presentador, locutor y director, pero hoy no es su voz la que habla;  sino sus lágrimas, esas que sin querer salen de sus ojos convirtiéndose en una rara mezcla de sentimientos… felicidad, recuerdos y tristezas.  La voz de Salsa al Parque celebra los 20 años del Festival.

Son las 12 del día y el sol resplandeciente cubre el escenario del Festival Salsa al Parque, y a lo lejos se ve a Omar Antonio Barrera; camina a paso lento, pero firme, con una sonrisa de oreja a oreja, muy elegante como siempre, su corbata y su traje hablan por si solos, indudablemente viene con la mejor pinta, y no es para menos, él sabe que lo espera un escenario sagrado: la tarima del Festival.

Ansioso, nervioso, pero seguro, sabe que tiene el tiempo justo para revisar los libretos antes de que empiece el espectáculo, pero en su andar hasta el encuentro con la guía que se convertirá en su mano derecha, no para de saludar, pues no existe a esa hora una persona en el parque que no lo conozca, sin duda es un ícono del Festival; reconocido no solo por su amor a la salsa sino por su profesionalismo, su pasión, su dedicación y claro, su apoteósica voz.

 Cuando por fin logra encontrarse con los libretos, su felicidad es inevitable, los lee una y otra vez y empieza a rayar sobre ellos, porque no hay libreto que él no modifique, lee rápidamente, quita  y agrega lo que considera que debe decir de cada grupo cuando esté dándole la bienvenida. Los micrófonos, las tarimas y los estudios son su pasión y la salsa es su vida; este comunicador social respira salsa y es reconocido en este mundo.

Pero hoy no todo es felicidad, su voz no está al 100 por ciento, pues una semana antes del festival se enfermó de lo que parecía una simple gripa, que esperaba, pasaría con los días y los remedios caseros que nunca fallan, pero no fue así. Día a día su salud empeoró. Omar Barrera perdió la voz. Lleno de impotencia se aterra ante la idea de no poder presentar el festival. Llora y se deprime, pero no decae, se sostiene de la mano de su esposa, que siempre estuvo a su lado, dándole fuerza y cuidándolo, porque ella no perdió la fe. “El jengibre fue mi mejor aliado, así logramos que recuperará un poco la voz”, dice Natalia Dávila, La Puchi, quien sigue  a su lado, feliz de ver que Omar cumplió su sueño.

El Festival está a punto de comenzar, Omar espera a pocos pasos de la tarima, recordando su calvario para esta entrevista, sus lágrimas caen y su alegría se apaga. De repente se escucha un grito a lo lejos… “¡presentador en tarima!”. Interrumpimos la entrevista, él se limpia las lágrimas, me abraza, sonríe y sale corriendo a encontrarse con su público, con su pasión, con su vida.

Mientras tanto, La Puchi se asegura de que todo esté completo; uno por uno revisa despacio la cantidad de remedios que trae, jugos con jengibre, panela, dulces y  batidos de frutas acidas que tendrá listos cada vez que él baje del escenario. A la lista de remedios se suman los consejos de las abuelas, que se han convertido en aliados en la recuperación de Omar, quien debajo de su traje -muy elegante- tiene puesto un chaleco de periódico. “Yo no se si será agüero o no, pero yo le hago caso a mi esposa y a mi suegra, porque este chaleco y estos remedios  son los que me tienen hoy aquí”, dice, confiado.

Omar Antonio Barrera es la voz de Salsa al Parque. Su voz ha sido la encargada de presentar 18 versiones de este Festival, al que llegó por casualidad, “en 1997 yo presentaba el programa El túnel del ritmo, de la Radio Difusora Nacional, al que invitamos a Guillermo Pedraza, creador de Salsa al Parque y cuando salimos del aire él me propone presentar una orquesta local, dentro del Festival”, Omar no pudo rechazar esa invitación,  de inmediato le dijo que sí.

Así Omar, se subió por primera vez a la tarima del Festival, sin que se cruzara por su mente que desde ese año se convertiría en el presentador oficial de Salsa al Parque. Después de presentar la orquesta bogotana que le correspondía, se pierde entre la multitud de asistentes y se dispone a gozar el Festival, muy lejos de imaginarse que el destino lo pondría nuevamente en la tarima porque -como hoy estuvo a punto de pasarle a él- el presentador de ese año se quedó sin voz; testigo de este momento es su amigo de la salsa y de la vida Orlando “el gordo” Pinilla.

Regresa al escenario feliz,   le  sorprende ver la Plaza de Bolívar atestada, a pesar de estar siendo azotada por un fuerte aguacero, pero esos  no son impedimentos. Con su imponente voz hace vibrar la plaza mojada, dando paso, no solo a las orquestas locales, sino también a una de las orquestas más reconocidas del mundo, La Sonora Ponceña que cerraba, entonces, la segunda versión del Festival.

Para Omar, Salsa al Parque es el encuentro, más que de los salseros, de los amigos, un espacio para revivir las anécdotas que se han tejido en esta cita anual. Pero este hombre que ha sido salsero toda la vida, no trabaja solo para el Festival, sino también para diferentes programas, festivales y encuentros para los que constantemente es invitado, y no es raro que lo sea, porque cuando escucha la palabra salsa sus ojos brillan y su corazón late con más fuerza.  La salsa  corre por sus venas.

Son muchos los escenarios salseros donde Omar Antonio ha sido presentador, no solo en Bogotá, sino también en Cali; son conciertos, encuentros de coleccionistas y de melómanos, festivales y eventos privados, que sin duda le han permitido compartir con decenas de artistas.

“Amo mi labor como presentador, ha sido una bendición, ya son pocos los eventos que me faltan por presentar y lo digo con modestia, porque de los 28 años que llevo trabajando en la salsa, son 25 los que cumplo de estar encaramado en los escenarios grandes, medianos y pequeños… ¡la salsa es mi vida”, dice, con esa voz que ninguna gripa ha logrado apagar y que hoy celebra con toda su potencia los 20 años de Salsa al Parque.